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Hace años que el ala más conservadora del poder mediático tomó el control del proceso electoral en Costa Rica. Mientras que la democracia tica agoniza, burlada mediante fraudes comprobados e impunes en las últimas tres elecciones, y controlada desde su casa por un presidente espurio, los dueños de los medios de comunicación decidieron ya que la contienda debe ser exclusiva entre Laura Chinchilla y Ottón Solís. Así se garantizan el dominio del país cuatro años más. Para maquillar como democrática su imposición, promueven falsos debates y publican encuestas mentirosas.
El método de engaño al pueblo es sutil, opaco, poco evidente: El balance de los poderes formales del Estado costarricense está neutralizado. El poder ejecutivo domina el legislativo y el judicial. El presidente de la República con descarada intromisión impone al presidente legislativo y domina la voluntad de una mayoría de los magistrados de la Sala Constitucional, designados con criterio político por diputados electos de oscuras listas partidarias. Igual ocurre con el Tribunal Supremo de Elecciones, sumiso a los dictados de Palacio.
Por su parte el poder mediático domina al débil presidente, hombre disminuido, sin respaldo popular. Oscar Arias resultó "electo" mediante fraudes, por un porcentaje minoritario del electorado (26% del padrón electoral) y ha realizado un mal gobierno de entrega del país a intereses trasnacionales, engaño sostenido y empobrecimiento de las mayorías.
Para dar un barniz democrático artificial al proceso, tomó el control de la contienda electoral el llamado “eje cubano” de la prensa, dominado por varios periodistas cubano-costarricenses, contratados desde siempre por el poder económico nacional: Eduardo Ulibarri Bilabao (periódico La Nación y Canal 6 televisión), Ignacio Santos Pasamontes (Canal 7 televisión) y Armando González Rodicio (periódico La Nación). A ellos se suma la señora Pilar Cisneros Gallo, de origen peruano que forma valiosa yunta con Santos Pasamontes.
Todos hemos sido testigos de cómo ellos, utilizando los medios masivos de comunicación, han convocado a los precandidatos de los partidos Liberación Nacional (PLN) y Acción Ciudadana (PAC) para presentarlos como políticos serios, invisibilizando de rebote a todos los demás.
Los sometieron a falsos debates donde no existió debate alguno, sino exámenes y seudorendición de cuentas a ellos constituidos en examinadores. Conforme al plan, lucieron mejor sus preferidos en cada bando: Laura Chinchilla y Ottón Solís.
Cierto que Solís es un político perdedor y acomodaticio, pero es capaz y experimentado, y brilla con luz propia sobre sus esforzados contrincantes. Pero la Chinchilla, mujer de limitadísima capacidad intelectual y manifiesta inferioridad ante los otros precandidatos liberacionistas, es evidente que conocía previamente el interrogatorio al que fue sometida por sus amigos patrocinadores del “Eje cubano”. Los ridículos “debates” solo sirvieron para recordarle a todos, candidatos y ciudadanos, que el poder mediático es quien manda en Costa Rica.
Lo anterior es constantemente apuntalado con encuestas complacientes, que colocan a los ungidos del poder mediático a la cabeza, para garantizar a su favor “el voto a ganar de la afición”. (Recordemos cómo mediante una encuesta falsa difundida en Canal 7 afectaron a Corrales en 1998.) Y si algo sale mal, no importa. Al fin y al cabo Liberación y el PAC son lo mismo, sea cual sea el candidato o el presidente.
Lo importante para los medios reaccionarios es cerrar el paso a una verdadera alternativa democrática y popular surgida de las bases ciudadanas, que no tema al poder mediático ni reverencie a los periodistas del Eje cubano a su servicio.
Un observador objetivo puede detectar fácilmente cómo, en Costa Rica la política electoral, convertida hoy en un pulso de proyectos personales, proyectos familiares y proyectos de grupos económicos, dominada por medios de comunicación ultraconservadores a través del “eje cubano”, destruye la democracia como gobierno del pueblo orientado al bien común.
Campanada 570
29 de mayo de 2009 |