CASAS para la casa

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A confesión de parte, relevo de prueba. Todos vimos y escuchamos al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, decir a la prensa televisiva que el escándalo del hermano de su vicepresidente, Kevin Casas Zamora, es un caso de lavado de dinero. Y todos le creemos, porque lo manifestó después de sostener una reunión con Kevin donde el muchacho se sinceró con su jefe, alegando ausencia de participación personal en esa acción criminal porque tenía diferencias con su hermano mayor, circunstancia que también Arias hizo pública.

Esa aterradora sinceridad presidencial debió ir acompañada de la noticia de que estaba solicitando la renuncia a Kevin Casas como vicepresidente de la República; o al menos separándolo a-la-Fishman de toda función pública, mientras se investiga y se aclara su participación en ese lavado de dinero. Esto por tres razones:

Primero porque no es cierto que los hermanos Casas estén peleados o distanciados entre ellos. Ya Ciro Casas Zamora lo negó, y el hecho de que Kevin se hizo presente en la fiesta de cumpleaños de su hermano donde confiesa que compartió con el amigo “narco”, demuestra que mintió al presidente Arias  para medio-limpiarse en lo personal. También resultó una mentira el alegato del vicepresidente en cuanto a que su hermano estaba desaparecido después de la detención de Nayor en Estados Unidos. Ciro Casas estaba nada menos que en Colombia y toda su familia lo sabía. Dos mentiras comprobadas de Kevin Casas en un caso de lavado de dinero con el tercero del Cartel de Medellín, es base suficiente para procurar su renuncia.
 
Segundo,  porque si hay un lujo que de los hermanos Arias no pueden darse, es el de encubrir un escándalo de narcotráfico o blanqueo de capitales que pringa a su vicepresidente. El fantasma de los dineros de Ricardo Alem, del millón de dólares del General Noriega ,y de las contribuciones de campaña de Durán Ayanegui, Fernando Melo, George Morales y otros narcotraficantes que los llevaron al poder en 1986, reviviría de manera fatal y contundente. Los nuevos escándalos de corrupción sufridos por la sinarquía de los Arias con los edificios de Zumbado en Desamparados, el acoso sexual del diputado Tinoco  y la cuestión de las fábricas de armas, resultan mínimos comparados con el daño político del affaire Casas-Nayor; ya que este trasciende las fronteras nacionales, invadiendo la esfera de la DEA y la lucha antidrogas de las Estados Unidos.

Tercero, porque de ahora en adelante, aparezcan o no las contribuciones de los Casas a la campaña política, se sospecha que son las fuerzas del narcotráfico y el lavado las que están detrás de su promoción política. Hasta ahora no había una razón que explicara la aparición en la escena electoral y el ascenso meteórico de Kevin Casas hasta la vicepresidencia de la República. Para nadie es un secreto que los narcos siempre tratan de colocar sus fichas en puestos de poder, y en Costa Rica en varios casos lo han logrado. Por la salud moral de Costa Rica, Casas debe irse para la casa.    


Carlos Roberto Loría Quirós                   Campanada 375             15 de octubre de 2006

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