Zamarrada diplomática

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La zamarrada de pretender entrampar a Hugo Chávez durante su visita protocolaria a la toma de posesión, armándole una “minicumbre” con cachorritos del imperio como Bolaños y Saca, para lucirse él ante el mundo como el nuevo PRESIDENTE DE CENTROAMÉRICA, demuestra que a alguien cercano a Oscar Arias* se le encogió el cerebro. 
 


Todo el mundo sabe que en 1988 Oscar Arias* era otro. Tenía sólido prestigio y poder de convocatoria. Contaba entonces con los señoríos, las inteligencias y las integridades de Rodrigo Madrigal Nieto en la cancillería, de Jorge Manuel Dengo en la vicepresidencia, de Victor Ramírez en su gabinete ampliado, etcétera, etcétera. Pero hoy no los vemos, se alejaron. 

Muchos se preguntan por qué, si obtuvo el Premio Nobel de la Paz como Rigoberta Manchú, a Oscar le costó armar el gabinete. Sencillamente porque con posterioridad a su gobierno se destaparon el fraude telefónico de Millicom, y el escándalo de Ricardo Alem, entre otros. Y quedaron al descubierto las contribuciones del narcolavado a su campaña —que él mismo reconoció. Desde entonces los espíritus del General  Manuel Noriega, Durán Ayanegui, George Morales y muchos narcolavadores lo rodean a él y a su hermano, y frente a tales hechos no hay exorcismo político que valga.  

Ante esta realidad Luis Guillermo Solís, informado internacionalista y exsecretario general del Partido Liberación Nacional(PLN), explicó ayer en Diario Extra que “…el presidente Óscar Arias se encuentra obligado a dar “golpes de impacto” en los 100 primeros días de mandato para así recuperar la credibilidad en su gobierno”. Pero entonces Oscar debería destituir al genio que recomendó aprovecharse de la visita de Hugo Chávez para hacerlo. Pretender levantar su maltrecha imagen de presidente NO-CONSTITUCIONAL, con escaso 26 por ciento de apoyo popular, utilizando a gobernantes progresistas durante una toma de posesión es irrespetuoso y pueril. Por eso fue escuálida la asistencia. No asistieron Lula, ni Kirchner, ni Morales, ni Chávez, ni muchos otros personajes invitados al traspaso de poderes. 


Esos urgentes golpes de impacto han de ser inteligentes y propinados con los pies sobre la tierra. La zamarrada de pretender entrampar a Hugo Chávez durante su visita protocolaria a la toma de posesión, armándole una “minicumbre” con cachorritos del imperio como Bolaños y Saca, para lucirse él ante el mundo como nuevo PRESIDENTE DE CENTROAMÉRICA, demuestra que a alguien cercano a Oscar Arias se le encogió el cerebro.

¿En qué cabeza podía caber que solo para levantarle la imagen a un neoliberal como Arias, una figura mundial como el presidente Bolivariano vendría mansito a montarle un show gratuito, sentándose a hablar de petróleo con un grupo que acaba de firmar un TLC colonizador y anti-latinoamericano con Estados Unidos? ¿No entendieron los asesores del presidente Arias que Chávez rompió con miembros de la Comunidad Andina de Naciones precisamente por eso? 

Desde hace más de treinta años me explicó Henry Kissinger (“Ideals and Self Interest in American Foreign Policy”) cómo se manejan en la práctica los ideales y el interés nacional en la política exterior. Gonzalo Facio me enseñó después que en materia de relaciones internacionales hay que saber, y también hay que mantenerse al día. Alguien tiene que explicarle a Su Fraudulencia que no hay sustituto para una política de sinceridad y transparencia en un mundo amplia e intensamente comunicado. (Eso lo demostró la mentira de las “armas de destrucción masiva” usada para justificar la guerra contra Irak.) Hoy día el costo político del engaño es inconmensurable.


CARLOS ROBERTO LORÍA QUIRÓS
Campanada 339
11 de mayo de 2006
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